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Cómo construir y mantener un equipo de alto rendimiento

Te ayudamos a promover un equipo cohesionado y altamente comprometido que esté alineado con los valores y objetivos de tu organización.

Cómo construir y mantener un equipo de alto rendimiento

Como nos comienza contando Gerardo Albornoz, de Cronistar Comunicación, “todos nosotros, de forma directa o indirecta, somos líderes”. Con estas palabras arranca su ponencia del webinar “Liderazgo y Comunicación Interna para triunfar en equipo” celebrado por Dialenga y Cronistar. Y es que según él, el liderazgo se activa desde nosotros mismos, convirtiéndonos en agentes e impulsores del cambio.

En otras ocasiones, ya hemos hablado del liderazgo de equipos en Dialenga, enfocándonos en las habilidades que debe tener un líder y cómo encajan en la Comunicación Interna. Una de esas habilidades, que además hoy en día es imprescindible para las organizaciones, es ser agente del cambio. Para ser catalizadores de este cambio, el líder debe pivotar 4 áreas principales:

  • ser consciente de las debilidades y fortalezas de su propio equipo, para ser más competitivo y responder de forma más ágil al entorno.
  • trabajar una visión holística de la situación: conocer cómo está el panorama general, el entorno donde nos movemos, la empresa y el equipo concreto.
  • ser coherente con sus actos y mensajes.
  • y por último, el líder necesita liderar el cambio tecnológico para construir equipos más ordenados, ágiles y eficaces.

“No debemos olvidar que lideramos operaciones, procesos… pero sobre todo lideramos personas. Es la persona la que debe estar siempre en el centro de la estrategia, porque es a través de nuestras personas donde vamos a generar el cambio.” Gerardo Albornoz

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El papel del liderazgo en un equipo de alto rendimiento

Hay un componente muy importante dentro del liderazgo, y es de qué forma el líder alimenta la mirada estratégica de las organizaciones. Un líder no solo se enfoca en la gestión operativa diaria, sino que también tiene la capacidad de elevar la visión de su equipo de alto rendimiento hacia objetivos a largo plazo. Esta mirada estratégica es fundamental para guiar al equipo en una dirección coherente y alineada con la misión y los valores de la organización.

Primero, un líder debe tener una comprensión clara del panorama general y de cómo cada función dentro del equipo contribuye a los objetivos estratégicos de la organización. Para ello, necesitamos una comunicación constante y transparente sobre las metas y objetivos a largo plazo y cómo las tareas diarias de cada persona se conectan con esos objetivos más amplios. Un líder que puede articular esta conexión motiva a los miembros del equipo, ayudándolos a ver el propósito detrás de su trabajo.

Además, el líder debe fomentar un ambiente donde la innovación y la creatividad sean valoradas. Debemos alentar a los miembros del equipo a proponer nuevas ideas y soluciones a los problemas existentes. Un líder que apoya la toma de riesgos calculados y aprende de los fracasos permite que el equipo evolucione y mejore continuamente. La capacidad de adaptarse y responder a los cambios del mercado es esencial para mantener un equipo de alto rendimiento.

Otro aspecto crucial es la delegación e involucración del equipo en la toma de decisiones. Un líder de un equipo de alto rendimiento sabe que no puede hacerlo todo solo y confía en las habilidades y competencias de su equipo. Delegar tareas apropiadamente no sólo libera al líder para enfocarse en cuestiones estratégicas, sino que también empodera a los miembros del equipo, desarrollando sus habilidades y fomentando un sentido de responsabilidad y propiedad sobre su trabajo. El desarrollo profesional es igualmente importante. Un líder debe invertir en el crecimiento de su equipo, lo que demuestra el valor y la preocupación por el futuro de sus miembros. Un equipo que siente que su desarrollo personal es una prioridad está más comprometido y motivado.

Por último, establecer un marco de tiempo y seguimiento es esencial para el éxito de un equipo de alto rendimiento. Un líder debe definir plazos claros y realistas para cada proyecto o tarea, asegurándose de que todos los miembros del equipo comprendan sus responsabilidades y los tiempos de entrega. Con este enfoque, proporcionamos una estructura que guía el trabajo, y también permite a los miembros planificar y gestionar su tiempo de manera eficiente. Además, el seguimiento regular del progreso es necesario para identificar posibles obstáculos y ajustar las estrategias según sea necesario. 

El papel del liderazgo en un equipo de alto rendimiento es multifacético y fundamental para el éxito del equipo y de la organización en general. Un líder efectivo no solo dirige, sino que también inspira, motiva y guía a su equipo hacia el logro de objetivos estratégicos, creando un entorno donde todos los miembros pueden crecer y prosperar.

La fórmula de un equipo de alto rendimiento. La pirámide de Patrick Lencioni

La fórmula de un equipo de alto rendimiento: la pirámide de Patrick Lencioni

El método de la pirámide de Patrick Lencioni, también conocido como «La pirámide de las 5 disfunciones de un equipo», es un modelo que identifica y aborda las causas de los problemas comunes en el funcionamiento de los equipos, según nos sigue contando Gerardo. Lencioni presenta esta pirámide como guía para crear un equipo cohesionado y motivado, donde cada nivel representa una disfunción que debe superarse para que dicho equipo sea efectivo. 

La base de la pirámide, y por tanto el primer nivel, es la falta de confianza entre los miembros del grupo. Sin confianza, los miembros del equipo no se sienten seguros para mostrarse vulnerables o admitir errores, barrera que debemos vencer.

En el segundo nivel de la pirámide, nos encontramos el temor al conflicto. Cuando no hay confianza, los equipos tienden a evitar el conflicto constructivo, lo que lleva a crear una armonía artificial que no nos beneficia. Estos conflictos internos que no se solucionan ocupan espacio y energía, limitando a todos los miembros del equipo.

En tercer lugar, tenemos la falta de compromiso. Si los miembros del equipo no se involucran en debates abiertos, no se comprometen completamente con las decisiones del grupo. El resultado es la ambigüedad y la falta de dirección.

El siguiente nivel es la evasión de responsabilidades. La falta de compromiso lleva a una disminución en la responsabilidad, donde los miembros del equipo evitan rendir cuentas y no se responsabilizan mutuamente por su desempeño. En equipos de alto rendimiento se da lo que se llama “co-responsabilidad”, donde cada uno se responsabiliza de su parte y también de la responsabilidad de los demás integrantes, donde el grupo completo trabaja y persigue un fin común. 

Como último nivel dentro de la pirámide, nos encontramos con la falta de atención a los resultados. En la cima, la falta de responsabilidad conduce a una disminución en la atención a los resultados colectivos del equipo. Los miembros del equipo priorizan sus propios objetivos y necesidades individuales sobre los objetivos del equipo, buscando el estatus y el ego. Debemos trabajar en la idea de que “si gana el equipo, ganamos todos”, enfatiza Gerardo.

El espejo entre alto y bajo rendimiento

¿Cómo podemos aplicar este modelo a nuestro liderazgo de equipos?

Para aplicar eficazmente este modelo, los líderes deben trabajar sistemáticamente para superar cada una de estas disfunciones, comenzando desde la base de la pirámide. 

Esto implica, por ejemplo:

  • Fomentar la confianza a través de actividades de formación de equipos y demostrando vulnerabilidad.
  • Crear un entorno donde el conflicto constructivo sea bienvenido y manejado de manera efectiva.
  • Garantizar que todos los miembros del equipo se comprometan con las decisiones, incluso si no están completamente de acuerdo.
  • Promover la responsabilidad mutua, estableciendo expectativas claras y revisiones regulares del desempeño.
  • Mantener al equipo enfocado en los objetivos comunes y reconocer los logros del equipo por encima de los individuales.

Al abordar estas disfunciones, los equipos pueden mejorar su cohesión, eficiencia y capacidad para alcanzar sus metas colectivas, y de esta forma, conseguir el máximo rendimiento colectivo. 

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