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    ¿Es legítimo mentir? (piénsalo antes de responder)

    En comunicación interna es muy importante contar con contenidos e información creíbles y veraces para asegurar la confianza.

    ¿Es legitimo mentir? (piénsalo antes de responder)

    En la comunicación se debe cuidar el principio de la credibilidad. Ser sincero no es decir lo que no se debe.

    La pregunta que encabeza este texto parece muy directa, muy simple y con una respuesta en cierto modo implícita. La reacción más inmediata sería contestar que no. Bien, podíamos dejar este comentario en dos líneas y pasar a otra cosa o analizar un poco más la pregunta.

    El título de este post es corto, claro y -si me lo permitís- brillante. Pero no se me ha ocurrido a mí. Es parte del título de un comentario publicado recientemente por Santiago Íñiguez, presidente de IE University y una de las mentes mejor amuebladas que conozco. El título completo de su comentario es: ¿Es legítimo mentir? Cincuenta sombras del engaño. Recomiendo su lectura.

    Bueno, entonces ¿en qué quedamos?, ¿es legítimo mentir? Si nos fijamos bien no se pregunta si mentir es ético, sino si es legítimo. Ese matiz posiblemente no cambie la respuesta, pero seguramente si hará que le demos una vuelta antes de responder. Íñiguez dice que sólo hay una clase de verdad pero que hay muchos tipos de mentiras. Sin ánimo de ser exhaustivo cita las mentiras piadosas, las medias verdades, las grandes mentiras, los embrollos, las paparruchas… La lista podría ser muy larga y con una amplia gama de matices.

    Dado que esto no es un tratado sobre la mentira y sus aspectos éticos, ciñámonos a ámbito de la empresa. Y, más concretamente, al de la comunicación, que es lo que más nos interesa. ¿Se puede mentir en la empresa? Íñiguez dice que los directivos nunca deben mentir a los accionistas puesto que actúan como fedatarios de sus intereses. Sin entrar en matices, de acuerdo.

    Luego llegan los stakeholders, internos y externos. ¿Se debe decir siempre la verdad a empleados, clientes, competidores…? Creo que todos estaremos de acuerdo en que una cosa es decir una mentira y otra no decir la verdad. Evidentemente hay momentos en que la estrategia, la situación del mercado, el lanzamiento de un producto o simplemente la posibilidad de que nuestros competidores tengan acceso a informaciones que podrían perjudicarnos hacen razonable obviar determinadas informaciones. Pero, también en estos casos una cosa es no decir la verdad y otra, mentir.

    Creo que es razonable pensar que administrar la información a determinados actores (sobre todo externos, pero también en ocasiones internos) forma parte del juego y a nadie se podrá acusar de mentir si soslaya determinadas informaciones. Otra cosa es lanzar informaciones falsas con ánimo de perjudicar a terceros.

    Cuestión de credibilidad

    Cuestión de credibilidad

    Mentir en el ámbito de la comunicación normalmente va asociado a engañar a través de las palabras. Con todo, una de las cosas que más se valoran en comunicación interna es la «credibilidad». Y deliberadamente no digo «veracidad», sino «credibilidad». En los casos en los que un directivo, un jefe o un mando no pueda decir la verdad, lo que debe hacer es decir que esa información que se solicita no se puede facilitar, pero nunca mentir. Si la cultura de la organización es de transparencia y confianza, cualquiera va a entender que haya determinadas informaciones que no se puedan (o deban) hacer públicas. Lo que nadie va a entender es que se diga algo que no es cierto a sabiendas. Descubrir que alguien en quien has confiado te ha mentido puede dañar, casi siempre de forma irreparable, la credibilidad en el futuro.

    Íñiguez concluye su comentario con una serie de conclusiones que están en línea con lo que he expuesto y que creo que son perfectamente asumibles:

    • Ser sincero es la estrategia dominante a largo plazo, es el comportamiento que garantiza el respeto de los demás.
    • El contexto empresarial tiene semejanzas con los entornos del juego, donde la simulación, la recreación y los ardides son aceptados y practicados.
    • La mentira a sabiendas y con daño a terceros es reprochable moralmente.

    ¡Impecable! Nada más que añadir.

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