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    Si no quieres improvisar lleva preparada la improvisacion

    Prepárate para aprovechar cualquier oportunidad para reforzar la cultura corporativa y la reputación de tu organización.

    Si no quieres improvisar lleva preparada la improvisacion

    Hasta una crisis puede ser una oportunidad si has hecho tus deberes.

    Dicen que la mejor improvisación es la que se lleva preparada. Esta paradógica aseveración encubre una realidad incuestionable: hay que estar preparado ante cualquier eventualidad, prever los escenarios más probables, estar alerta ante cualquier escenario de comunicación que se pueda dar y, en último caso, tener el músculo entrenado para ser capaz de reaccionar de forma adecuada ante lo imprevisto.

    Pero, llevar preparada una buena improvisación también ayuda a enfocar el mensaje y a poder «colocarlo» en el momento adecuado. Los políticos son maestros en esto. Les preguntes lo que les preguntes contestan lo que les interesa. Sin llegar a tanto, en el ámbito empresarial se deben tener preparados mensajes tanto para uso interno como externo.

    Recientemente Emi Solís, experta en comunicación corporativa de la agencia Cuarta Pared Comunicación, explicaba en un evento organizado por EXEVI que las empresas durante la crisis del año pasado habían reaccionado en materia de comunicación con carácter de urgencia para cuidar al negocio y a los equipos. En el transcurso de la crisis de la COVID-19 se había actuado de forma rápida, en cascada, cuidando las emociones, plantando cara a las malas noticias y aumentando los elementos de veracidad en sus comunicaciones. Y siempre en remoto, por supuesto.

    En este contexto, la receta de Emi Solís es clara y contundente: Más preparación, menos improvisación. Analizar el contexto de la empresa y los riesgos comunicacionales en los que puede incurrir exigen una preparación adecuada para ser ágiles en la respuesta, dar coherencia a los mensajes, alinearse con los objetivos corporativos, acompañar el trabajo de los profesionales y -algo fundamental- despertar la confianza de los receptores de los mensajes (insisto, internos y externos). Pero, sobre todo, estar preparados para aprovechar cualquier oportunidad para reforzar la cultura corporativa y la reputación. Si una crisis puede ser una oportunidad, el año pasado hemos tenido una gran oportunidad, o una sucesión de oportunidades.

    La importancia de ser transparente y de contar con una buena hoja de ruta

    A su juicio, la comunicación interna hoy debe tener en cuenta dos aspectos que no son sino las dos caras de una misma moneda: el ámbito de empresa y el personal. En cuanto al aspecto empresarial la comunicación interna es algo estratégico que debe estar en las agendas de los CEOs por suponer una ventaja competitiva y un atributo de valor de marca, tiene que ser un elemento facilitador de los procesos de trabajo y de la transformación de la organización y, como se ha dicho arriba, de apuntalamiento de la cultura y la reputación. Nada nuevo pero, no por obvio, merece dejar de recordarse. En el aspecto personal es garantía de transparencia y elemento de involucración y de transmisión del conocimiento, por tanto, necesitan herramientas tecnológicas ágiles, accesibles, personalizables y atractivas. También obvio y algo a tener muy presente.

    Para ella, es imprescindible contar con una hoja de ruta, el Plan de Comunicación, con alcance global, por áreas y coyuntural para abarcar de los más general y estratégico hasta lo más particular y táctico. Entre sus recomendaciones aseguró que se deben planificar acciones pero también proponer iniciativas, buscar los nexos de unión entre proyectos y objetivos corporativos, alinear a los portavoces internos y a los públicos pasivos (comunicacionalmente hablando) y potenciando políticas de recursos humanos como la gestión del conocimiento o la motivación.

    Por último, en cuanto a las herramientas insistió en que deben incidir en la capacidad de favorecer la comunicación multidireccional, personalizables (lo que viene siendo la «humanización» de la tecnología), que generen y transmitan contenidos de valor (el empleado debe ser generador de contenidos audiovisuales y de opinión y protagonista del relato corporativo) y muy versátiles en su uso.

    En suma, se ha trabajado mucho y bien, se ha sabido reaccionar, algunos han demostrado estar mejor preparados que otros, pero lo que ha quedado claro es que ya no hay excusas para anticipar una próxima crisis. No debemos volver a improvisar, salvo que la improvisación la llevemos bien preparada.

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