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    Sesgos de confirmación: Cuando crees lo que quieres creer

    Las noticias falsas circulan con rapidez porque se ajustan a nuestras creencias o a nuestros intereses.

    Sesgos de confirmación: Cuando crees lo que quieres creer

    Los sesgos de confirmación son difíciles de evitar, pero un estilo de comunicación consistente y honesta, ayuda

    La credibilidad es uno de los atributos más importantes en comunicación, pero es uno de los más difíciles de conseguir. No dependen del emisor sino del receptor. O, mejor dicho, de la subjetividad del receptor. El mensaje puede ser bueno o malo, cierto o falso, objetivo (basado en hechos o datos) o tendencioso (basado en algunos hechos o en algunos datos), pero sólo será creíble si el receptor lo considera creíble o confiable en función de sus intereses, de sus circunstancias o de muchos otros factores que pueden influir en el proceso de descodificación del mensaje.

    Hace años el Director de Recursos Humanos de una compañía en un evento sobre comunicación me decía: «No te equivoques, los que más credibilidad tienen para los trabajadores son los sindicatos o sus representantes en las empresas, simplemente porque dicen lo que quieren oír». Bueno, no digo que eso siempre sea así, hay muchos casos en los que la propia actuación de los agentes sociales les ha restado credibilidad. Pero, reconozco, que en líneas generales tenía razón. Entre otras cosas porque los mensajes que emanan de la dirección de la empresa evidentemente obedecen a los intereses de esta y, por tanto, pueden, en el mejor de los casos, adolecer de cierto sesgo.

    Probablemente por esto sea por lo que las noticias falsas se difunden con tal rapidez, aprovechando las redes sociales. En un excelente artículo, Estefanía Campos, consultora de Estudio de Comunicación, recordaba que la difusión tan rápida de las fake news se debe a los llamados «sesgos de confirmación». Estos consisten en buscar, recordar y/o difundir las noticias o informaciones que confirman nuestras creencias o convicciones. Es decir, cuando recibimos una noticia (falsa o no) lo que hacemos inconscientemente es comprobar hasta qué punto está de acuerdo con nuestras creencias o cómo la podemos interpretar para que así sea.

    Del mismo modo, cuando queremos confirmar algo para avalar nuestro pensamiento, buscamos la información que esté de acuerdo con nuestra forma de ver las cosas o cogemos la parte de la información que así lo hace. Todo este proceso esta facilitado por los algoritmos que rigen las redes sociales, que tienden a ofrecernos más cantidad de información sobre los temas que buscamos y con lo que es fácil llenarnos de argumentos a favor de nuestras tesis.

    ¿Cuál es la forma de combatir estos sesgos?

    La solución a este problema pasa por dotarnos de un espíritu autocrítico y tratar de contrastar las informaciones que recibimos, sobre todo en los casos en los que dichas informaciones sean relevantes para nosotros. Pero ¿quién ha dicho que queramos desprendernos de dichos sesgos? Cuando estamos convencidos de algo, difícilmente nos van a hacer ver lo contrario. Quizá el ejemplo más claro se dé en el fútbol, algo que levanta pasiones y nos hace seres extraordinariamente subjetivos. Piensen en una jugada, la que sea. Piensen en dos equipos, los que sean. Ahora díganme: ¿es falta?, ¿es mano? ¿es fuera de juego?, ¿es penalty?, ¿es tarjeta roja o sólo amarilla? La respuesta es clara y diáfana. Dependerá del equipo de nuestros amores. Y no se engañen, la decisión que tomemos será indiscutible, ya sea una u otra.

    Teniendo en cuenta esto, no vamos a ponernos en lo peor. Dice un refrán, «Ya pueden ser santos que para mí son demonios». Ante esta sentencia tan fatalista no podemos tirar la toalla. No podemos pensar que hagamos lo que hagamos nuestros interlocutores no van a creer nuestros mensajes. Lo que siempre debemos hacer es analizar nuestro histórico de credibilidad, estudiar la consistencia de nuestros mensajes y lanzar los mensajes con claridad y honestidad. El resto no está en nuestras manos, pero muchas veces los hechos son tozudos y la credibilidad llega por sí misma.

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